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La Coctelera

FAHRENHEIT 451

Blog para la clase de Literatura. Memoria y sensibilidad contra el olvido.

24 Octubre 2011

Retratos masculinos

Voy un poco atrasada en las entradas, y es una lástima, porque siempre salgo de la clase con muchas ideas en la cabeza.

Hace semanas que hablamos de la visión de la mujer y la vivencia del amor en la poesía, empezando con los trovadores y llegando hasta Beaudelaire (que gustó bastante, al parecer).

Cuando la mayoría de este grupo estaba en 4º y leímos los Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Neruda, una de las chicas me preguntó si no había poemas al cuerpo del hombre. Pregunta muy interesante y que inmediatamente me movilizó (y a mis "contactos") para salir a la caza y captura de poemas en los que apareciera el cuerpo masculino.

Había leído en algún sitio, que uno de los pocos poemas en que esto sucede es en la Fábula de Polifemo y

Galatea, de Góngora (en la impresionante descripción del cíclope), original en contraste con la descripción de la ninfa Galatea, que refleja los tópicos de la época (aunque con el característicoestilo gongorino). Copio dos octavas:

Un monte era de miembros eminente

este (que, de Neptuno hijo fiero,

de un ojo ilustra el orbe de su frente,

émulo casi del mayor lucero)

cíclope, a quien el pino más valiente

bastón le obedecía, tan ligero,

y al grave peso junco tan delgado,

que un día era bastón y otro cayado.

Negro el cabello, imitador undoso

de las obscuras aguas del Leteo,

al viento que lo peina proceloso,

vuela sin orden, pende sin aseo;

un torrente es su barba impetüoso,

que, adusto hijo de este Pirineo,

su pecho inunda, o tarde, o mal, o en vano

surcada aun de los dedos de su mano.

La verdad es que para la mujer, socialmente, hasta hace poco ha sido un tabú hablar del cuerpo masculino y de su deseo y placer. Una profesora me comentó que Gertrudis Gómez de Avellaneda (autora inscrita en el Romanticismo) tiene algún poema de este estilo, pero no he sabido encontrarlo. También pensé que algún poeta homosexual podría haber retratado esta temática, pero no la recuerdo en los maravillosos Sonetos del amor oscuro de Lorca, ni en los Sonetos que Shakespeare dedicó al misterioso muchacho "W.H.". Por último, un compañero me sugirió que en algunos poemas de Idea Vilariño (que había sido pareja del también poeta Mario Benedetti) podría encontrarse esta temática.

Siguiendo la búsqueda, me pasé a Antologías de poesía erótica femenina (recientes), y también me acordé de algún libro de Ana Rossetti, pero, aunque encontré poemas que me gustaron mucho, el recuerdo que me queda es más de lo obsceno que de lo erótico (una distinción que ya ha comentado algún compañero de clase en su blog).

Ahora pienso que tal vez sería un interesante tema para una investigación. Aprovecho desde aquí para pedir a todo el que me lea y pueda arrojar una lucecita sobre la cuestión, que no deje de mandarnos una pista para iluminarnos el camino.

27 Septiembre 2011

Nada será lo mismo

El día de presentación de este curso, mencioné las seis lecturas que el Departamento ha escogido este año para que nos recreemos. Tres son de los Siglos de Oro: poesía, narrativa y teatro. ¡¡Qué lujo!! Sin embargo, es penoso que se proponga una lectura mutilada del Quijote, así que, como es lógico, aclaré que nosotros no cometeríamos semejante atropello (nuestro caballero no lo merece) y lo trabajaríamos entero.

Como siempre que digo esto, unas cuantas caras mostraron fastidio, otras miedo, e incluso alguna, abierta rebeldía. Y no deja de sorprenderme... ¿Qué tiene esta obra maestra de la humanidad, este monumento a la capacidad y sensibilidad del hombre, para tener tan mala prensa? ¿Qué ocurre para que tanta gente se deje llevar por infundados prejuicios y se vea privada del inigualable placer de paladear cada palabra y cada frase? En vez de celebrar la oportunidad y alegrarse de los ratos de impagable placer que la lectura de ese texto (¡y encima, compartida, lo cual supondrá entre nosotros un vínculo difícil de igualar!) nos va a deparar, de la satisfacción de poder acompañar a estos entrañables personajes en sus aventuras, en vez de sentir el orgullo y la gratitud de ser un privilegiado, la suerte nunca suficientemente merecida de estar a punto de vivir experiencias inolvidables... ¡¡hay quien se lamenta, y sin saber de qué!!

El miedo lo puedo entender: no es más que falta de confianza en nuestras capacidades para superar dificultades, un complejo, en el fondo. ¡Claro que encontraremos dificultades! ¿Y qué? Ya lo dijo Muñoz Molina: si nos dieran papilla sería un insulto y muy humillante. Y yo también he dicho alguna vez: cuando se prueba el solomillo, no se puede volver a McDonalds. Vais a poneros a la altura de Marx, de Freud y de tantos otros que aprendieron español sólo para poder leer el Quijote. ¡¡Sólo podéis disfrutarlo!!

Por supuesto, yo también estoy aprovechando para sumergirme en las páginas de Cervantes. Cada día, cuando entro en mi estudio y me siento a la mesa, veo a mi izquierda el tomo del Quijote en la edición que hizo la RAE para conmemorar el cuarto centenario de la publicación de la primera parte y me siento tan afortunada que se me escapa esa sonrisa estúpida de felicidad que me dura un buen rato.

Estoy tranquila porque sé que cuando empecéis a introduciros en ese universo que es el Quijote, no podréis (ni querréis) escapar de él, y ya nada volverá a ser lo mismo. ¿Estáis preparados?

27 Septiembre 2011

La sociedad del espectáculo

Hace una semana, más o menos, hablando en clase de las críticas que Erasmo hacía al clero y a la Iglesia (y luego Lutero y Calvino) vimos cómo destacaba que en vez de vivirla de forma íntima y profunda, la vivencia religiosa se había convertido en una especie de espectáculo, llena de supersticiones (falsas creencias populares con las que atemorizar a los más ignorantes, culto a las reliquias...) y de espectacularidad (el lujo, las procesiones...). Se estaba alejando la religión de la auténtica vivencia profunda y personal para primar lo externo y que aparece de cara al público. Recuerdo que comentamos, por ejemplo, cómo puede ser que algo de eso se conserve en las procesiones de Semana Santa.

Alguien, entonces, habló de que, en ese caso, lo mismo se podrían criticar las fiestas (supongo que se refería a fiestas tradicionales). Eso me ha recordado un texto de Octavio Paz que leímos el curso pasado sobre el valor simbólico y profundo de las fiestas, que en cierto modo se ha perdido (al menos, no somos conscientes de él, aunque se conserven como ritual -por ejemplo, en fin de año). Es decir, que la fiesta también tiene un sentido profundo que se ha ido perdiendo y ahora se mantiene con otro sentido. La cuestión es: ¿es ese el sentido de una celebración religiosa? ¿Tiene que tener el sentido que le damos a una fiesta: alegría, despreocupación, caos? No digo que haya que ocultarse, pero creo que lo que se quiso decir es que si las celebraciones religiosas se convierten en lo que se entiende por fiesta, en un "circo" o espectáculo, pierden el valor de trascendencia religiosa que se les supone. Lo curioso es que la propia Iglesia se ha aprovechado de eso a menudo.

Y ahora doy un paso más: ¿no hay la sensación de que hoy en día todo tiene que ser público? Todo tiene que tener su repercusión inmediata y convertirse en un "espectáculo", como si hubiera una especie de "horror vacui" (miedo al vacío). ¡¡Y nadie se sorprende!! No es que tengamos que ir escondiéndonos de nada, pero tampoco creo necesario que en cuanto alguien discute con su novio, está triste, está alegre o cambia de peinado se merezca un titular. En el terreno individual, sería un post en una red social o un twit; en el terreno colectivo, serían horas de debate televisivo. Así, el concepto de noticia se devalúa. Y ¿qué valor se le da a la intimidad? ¿Afecta eso a la vivencia que se hace pública? ¿Se devalúa también?

22 Septiembre 2011

Humano, demasiado humano...

 

 

 

"Enanos, sí, pero en hombros de gigantes"

Juan de Salisbury (siglo XII)

 

 

(El dibujo es El hombre de Vitruvio, de Leonardo da Vinci -XV-XVI)

22 Septiembre 2011

La de San Quintín

Armarse la de San Quintín es organizarse alguna pelea o riña muy violenta. Es una alusión a la célebre batalla de San Quintín (10 de agosto de 1557) en la que las tropas españolas, al mando de Manuel Filiberto, duque de Saboya, derrotaron al ejército francés mandado por Gaspard de Coligny y el condestable Anne de Montmorency. Fue una batalla muy sañuda que puso en peligro a París, aunque la indecisión de los españoles salvó la capital. En conmemoración de esta batalla y por ser el 10 de agosto San Lorenzo, Felipe II mandó construir el monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Fue lo único positivo que produjo esta sonada victoria.

(Información de: Cuento de cuentos, de Néstor Luján)

Se dice que la planta de El Escorial tiene forma de parrilla para imitar aquella en la que San Lorenzo fue martirizado. Fue residencia de la familia real y es lugar de sepultura de los reyes de España. Su estilo monumental, pero de líneas rectas y austero se considera el modelo de arquitectura "herreriana" (en referencia a uno de sus arquitectos: Juan de Herrera), y también se puede apreciar en la Plaza Mayor de Madrid. Está en consonancia con el rigor y la sobriedad que se quisieron imponer después del Concilio de Trento.

21 Septiembre 2011

 

 

 

 

 

El Partenón (Atenas)

21 Septiembre 2011

LA EDAD DE ORO

Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron el nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes: a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían. En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquiera mano, sin interés alguno, la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo. Los valientes alcornoques despedían de sí, sin otro artificio que el de su cortesía, sus anchas y livianas cortezas, con que se comenzaron a cubrir las casas, sobre rústicas estacas sustentadas, no más que para defensa de las inclemencias del cielo. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia: aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre; que ella sin ser forzada ofrecía, por todas las partes de su fértil y espacioso seno, lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían. Entonces sí que andaban las simples y hermosas zagalejas de valle en valle y de otero, en trenza y en cabello, sin más vestidos de aquellos que eran menester para cubrir honestamente lo que la honestidad quiere y ha querido siempre que se cubra, y no eran sus adornos de los que ahora se usan, a quien la púrpura de Tiro y la por tantos modos martirizada seda encarecen, sino de algunas hojas verdes de lampazos y puestas como van ahora nuestras cortesanas con las raras y peregrinas invenciones que la curiosidad ociosa les ha mostrado. Entonces se declaraban los conceptos amorosos del alma simple y sencillamente, del mismo modo y manera que ella los concebía, sin buscar artificioso rodeo de palabras para encarecerlos. No había la fraude, el engaño ni la malicia mezclándose con la verdad y la llaneza. La justicia se estaba en sus propios términos, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaje aún no se había sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había qué juzgar ni quién fuese juzgado. Las doncellas y la honestidad andaban, como tengo dicho, por dondequiera, sola y señera, sin temor que la ajena desenvoltura y lascivo intento le menoscabasen, y su perdición nacía de su gusto y propia voluntad. Y ahora, en estos nuestros detestables siglos, no está segura ninguna, aunque la oculte y cierre otro nuevo laberinto como el de Creta; porque allí, por los resquicios o por el aire, con el celo de la maldita solicitud, se les entra la amorosa pestilencia y les hace dar con todo su recogimiento al traste. Para cuya seguridad, andando más los tiempos y creciendo más la malicia, se instituyó la orden de los caballeros andantes, para defender las doncellas, amparar las viudas y socorrer a los huérfanos y a los menesterosos.

                Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes